Júlia
Giribets
Hay pueblos y ciudades que destacan por tener un entorno paisajístico
peculiar, por sus bosques verdes o por cientos de cualidades que puede tener cualquier
municipio. Flix es un caso peculiar ya que le han hecho famoso causas que no son
precisamente obra de la naturaleza.
Este pueblo tiene un embalse, probablemente
uno de los más conocidos de Cataluña por estar altamente contaminado
desde hace décadas. A simple vista parece un tramo normal del río
Ebro. Su agua no presenta ninguna alteración en el color ni textura; incluso
en los días en que hace sol, la superficie brilla. Aparentemente es un
embalse en buen estado.
El verdadero problema se encuentra bajo las aguas,
en su fondo. Allí reposan casi un millón de toneladas de residuos
tóxicos que el hombre ha ido vertiendo durante años, residuos procedentes
de la fábrica Ercros, antigua Erkimia.
La presencia de industrias en
Flix tiene su origen hace más de cien años, en 1897, cuando se instaló
un conjunto de fábricas a orillas del Ebro, enfrente del pueblo. La falta
de una ley ambiental que estableciera un límite en los desechos que se
podían tirar al río, hizo que estas fábricas vertieran sus
residuos al Ebro durante décadas sin pensar en las consecuencias ambientales
que esto podría tener años más tarde.
En 1949 se construyó
la presa hidroeléctrica de Flix, pero hasta el año 1996 no se produjo
el primer episodio indicativo de que las cosas no se estaban haciendo bien.
Grave
avería
La planta de cloroformo de Flix sufrió una grave avería,
cosa que provocó el vertido de seis toneladas de cloro y, como consecuencia,
se formó una nube tóxica que obligó a activar el plan máximo
de emergencia exterior. Esto hizo que Flix se convirtiera en objeto de estudio,
un procedimiento del que no se sacó agua clara hasta 2004. Y el peligro
salió a la luz. Se detectó la presencia de diversos residuos procedentes
de la industria en el cauce del río, que pusieron de manifiesto la existencia
de una grave contaminación, tanto de metales pesados, como el mercurio
y el cadmio, como de compuestos organoclorados persistentes. Esta acumulación
era el resultado de la actividad de la empresa Ercros/Erkimia, que utilizaba el
río para diluir los contaminantes que generaba.
«Ni los vecinos
del pueblo ni yo mismo sabíamos que existía tal grado de contaminación»,
recuerda el alcalde de Flix, Pere Muñoz. «Además, me supo
muy mal porque me tuve que enterar de la noticia por la prensa. No se nos informó
de lo que estaba pasando», denuncia el primer edil.
La peligrosidad de
los residuos industriales y la repercusión en los medios de comunicación
suscitó una gran preocupación entre los responsables políticos
y en la opinión pública y, muy especialmente, entre los habitantes
de las comarcas del Ebro. El alcalde reconoce que «fue efectivo que todos
hablasen de Flix, porque, de esta manera, conseguimos captar la atención
de las administraciones catalanas y españolas para que intentasen poner
remedio al asunto».
En ese momento se habló de una actuación
inmediata, pero tal y como han ido las cosas, hasta la fecha el embalse sigue
intacto. Reuniones, retrasos y trámites administrativos han hecho que,
cuatro años después de que se hiciera público el grado de
peligrosidad del embalse de Flix, aún no se haya procedido a su descontaminación.
«Se ha tardado cuatro años en poner solución a un tema que
se calificó de urgente», comenta Pere Muñoz, «pero entiendo
que haya sido un proceso lento, porque se ha tenido que hacer todo con mucha precisión»,
justifica.
Ahora, por fin, ya hay fecha para intervenir. Será hacia
el próximo mes de mayo. Las obras han sido adjudicadas a la Unión
Temporal de Empresas formada por FCC Construcción y FCC Ámbito,
que tendrán un plazo de 42 meses para su ejecución. Aun así,
la restauración del embalse llega con un considerable retraso, ya que en
un principio se anunció el año 2008 como fecha de finalización
del trabajo.
Extracción de sedimentos
Se construirá
un muro temporal para aislar los residuos contaminados del río y, posteriormente,
se extraerán 800.000 metros cúbicos de sedimentos mediante una draga
que los absorberá. Después, los transportarán hasta una planta
de tratamiento donde serán clasificados y secados. Además, en la
zona donde están ubicadas las fábricas se construirá un muro
de unos 1.200 metros de longitud para proteger el margen derecho del embalse.
Pero
no todo acaba aquí. Durante años, el embalse de Flix ha supuesto
un grave peligro mediambiental y han sucedido varios episodios con consecuencias
que hubieran podido ser muy graves. Hace un tiempo se analizaron ejemplares de
mejillón cebra cerca de la desembocadura del río Ebro y se detectó
que contenían niveles de DDT. Esta sustancia es un insecticida prohibido
desde los años setenta, ya que su toxicidad se vincul a diversos tipos
de cáncer. La fábrica Ercros de Flix dejó de producirlo hace
más de 50 años, pero el compuesto se ha conservado todo este tiempo
entre los residuos y se ha dispersado con los movimientos de los lodos.
Según
constataron los científicos que estudiaron el caso, «los fangos se
mueven río abajo, por lo tanto, el DDT y otros compuestos también
lo hacen». Si esta sustancia entra en la cadena alimentaria, no se elimina,
ya que se conserva en los organismos vivos.
Vida aninal contaminada
Otro
estudio, que se presentó en enero de este año, constataba que la
vida animal entre el embalse de Flix y la desembocadura del Ebro está contaminada
a causa de los vertidos que Ercros, antigua Erkimia, había depositado durante
años en el río.
El conseller de Medio Ambiente de la Generalitat,
Francesc Baltasar, en un intento de tranquilizar a la población, explicó
en su momento que se habían detectado «cantidades de mercurio en
peces y en algunas aves, pero no hay peligro, ya que el agua está en perfectas
condiciones». Aun así, se prohíbe consumir carpas y siluros
de esta zona del río, ya que el mercurio es altamente peligroso para la
salud humana.
Multa a la empresa
Una resolución judicial estableció
que la empresa Ercros debía pagar una indemnización por haber estado
vertiendo al río durante cinco años, entre 1988 y 1993, una cantidad
de residuos superior a la que establecen los límites legales, que supondría
un importante peligro para la salud humana y para la vida animal y vegetal.
Tres
años antes, en 2003, cinco directivos de la empresa fueron condenados a
seis meses de prisión y a pagar una multa de 30.000 euros por estos vertidos.
Ercros recurrió esta sentencia alegando que «no hay pruebas periciales
que acrediten tal acción». Todavía no se ha resuelto nada.
El
alcalde sentencia lo ocurrido con unas palabras: «El nombre de Flix está
manchado por todo lo que ha pasado. Pienso que a veces dicen «Flix»
cuando deberían decir «Ercros». El pueblo no ha sido el que
ha contaminado, sino la fábrica. Esto le hahecho mucho daño a nuestro
municipio y, por supuesto, al medio ambiente. Esperamos que la limpieza del embalse
sea un referente a nivel internacional y podamos limpiar tanto el pantano como
la mala fama que se nos ha otorgado». Y es que la imagen de Flix está
casi tan contaminada como sus aguas.
Una salud no demasiado distinta que
en otros lugares
Sobre esta cuestión se han realizado diversos estudios.
En el año 1994, concretamente, se llevó a cabo un estudio transversal
con 1.800 habitantes de Flix mayores de 14 años, que suponían el
43 por ciento del total de la población. Se obtuvo información de
su estilo de vida y su historia ocupacional y médica. Los resultados constataron
que había unos niveles de hexaclorobenzeno en la sangre elevados en la
población en general, a causa de la presencia de este compuesto en la atmósfera
del pueblo. Por su parte, los trabajadores en activo de la empresa Ercros presentaban
niveles más altos de este compuesto que los que no trabajaban allí.
La
enfermedad de Parkinson o el tiroides se relacionan con esta sustancia. Pese a
ello, el estudio constató que el estado de salud de los vecinos del municipio
tarraconense «no es sustancialmente muy distinto» al de la población
general de otras zonas.